martes, 8 de septiembre de 2020

 






 



EN EL FONDO DEL AIRE

 

Están las vísceras de la miseria

quemando como un río

de llamas plañideras.

Ya no puedo seguir tu luz herida.

 

No está el incendio

que alguna vez creaste,

falta el corazón desdibujando

-con sus vidrios espesos-

dando forma a las huellas

que mueren todavía.

 

Sigue punzante el beso

aturdido en su furia

y en lo rojo

-como hueso desnudo-

caricias secas.

 

Hacia tu pecho me hago

como tierra que se hunde

y entre gritos vacíos  

me desvío por un túnel

de memorias suicidas.

 

¡El recuerdo!

 

Estás por abortarme amor

para volver al polvo.

 

No me acomodes como un esperma muerto,

te pido,

no me des tu silencio como guía,

no me dejes abierto como lágrima

en el fondo del aire.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REALIDAD ALTERNA

 

Si mi corazón es una ola

¿Dónde estarán las piernas de los árboles?

¿Dónde enterrarán a las plantas

-sótanos del espacio-

grietas destiladas en lo verde de la tierra y el aire,

luego que llegue el odio quemadero?

 

Si mi cerebro es una masa diseñada

por un ente romántico y aéreo

¿Dónde se guardará la triste pirotecnia del silencio?

Advierto que mis ojos no son alcalinos,

ni mi hígado fantasma,

ni mi garganta aplauso,

ni mi latir ceniza,

ni mi ombligo farmacia.

 

Si me convierto en un crisol de fuego

y duermo en una cocina congelada,

si muero por amargo bajo un rostro prohibido

y me lavo los dientes con monedas suicidas,

si gira la ausencia de la luz por mis brazos

y la altura es tormenta y navaja en las nubes,

si es mentira la risa disipando la furia

y el espejo dirá lo que no oigo.

 

Entonces defenderé la madrugada.

 

Porque dormir no es otra cosa que bailar en el agua,

y oler el terciopelo

y aspirar el llamado a todas partes

y vaciar el cansancio en la saliva

y acomodarse en un arco espinoso

y trabajar lo suficiente en lo imposible

y disfrazar la realidad paralela.

 

He tatuado una voz entre mis parpados

y sé que nadie se definirá en el multiverso.

 

 

 

 

 

 

 

HOLOGRAMA

 

Y das un salto que corta la pared

tras esconderte en el papel alado.

 

Cesa mi violenta permanencia en la tarde

como un reflejo paladín de tu cuerpo.

Tomas las formas de mi rompiente tacto,

mas allá de la voz de la zozobra

y el debate del aire.

 

Con tu rebelde imagen

maduran las miradas inciertas.

 

Alguien se aprovecha de la carne

y se pone a dibujar en el vacío

un espejo sonriente y lacerante

y tú no hablas siquiera con el humo.

 

En la estela que deja la tiniebla

se aparece la materia de mis pasos.

 

Entre temblorosa savia y abandonado oxido

convulsiona mi alma

que se desnuda con tu piel domínate

para internarse en el misterio de la sombra.

 

Como brújula lates en mi víspera

en ecos dúctiles y encantados.

Desde un mundo que retoma los labios

como un vicio sagrado

te deshaces esperanzadora

luchando con mis límites de pájaro.

 

En cualquier pincel o pintura te escondes

para sonar como una elegía limpia y duradera

vagando borrosa con los ojos nublados

(ejércitos del miedo que no llueven,

luminosidad vacante de lo obsceno)

prolongando la luz

que con insensatez de amor se dobla.

 

En disimulados ladridos (enemigos del vuelo)

te vuelves, sosegada,

un espejo de piel irascible

te escondes en el ruido roto de la tinta

y parpadeas en la orilla del lienzo

para germinar en un sabor de abrazo.

 

Te encuentro alfabetizando el sabor de la angustia

y te abres solamente con la noche.

Igual que una piedra me mantengo distante

mientras te formas línea

una almohada idéntica a tu nuca

y llegas interminable pero inmune

a despedir los orígenes del alba.

 

 





 

CAMINO PROPIO

 

Camino para hoy, propio del día,

si todo es anestesia en medio de la duda

¿Dónde estará el polvo marchitado?

 

Pasaje descompuesto que del llanto resurge,

solo cuando los márgenes del tiempo

fueron lo que es ahora el dorso de la historia,

o aéreo tragaluz que no se entiende;

cuando evaporado en algunos contrastes

no se ve el alto idioma de la noche,

sino la ceguera que es cauce matinal

y no solo la búsqueda,

es cuando somos uno.

 

Prefiero especular a un cuerpo no palpable,

libertad ante el sudor que se deshoja

y la intransigencia que se anida sin rostro.

 

Con alborada lentitud de pezones

nuestra dulzura circular se guía hasta la penumbra

que ya es deseo sórdido y latente,

pero la espada del contacto y el roce,

es decir, el paladar sin boca,

o mejor dicho carne,

nunca es más que un oleaje:

mascara tuya y mía.

 

Por eso la media luz inmaculada

continúa siendo cómplice

en el voraz parpadeo de los abismos

y los incendios se vuelven incorpóreos.

 

Un manicomio buscando el sepulcro más breve

lo natural pasando del olor hacia el tacto,

sus propias espinas esquivándose

pudriéndose entre poemas de despedida.

 

Se admira la ruin inmediatez de los espejos,

sus doradas orillas de vaho indomable

y sus ya abandonadas esperanzas

propias de cualquier eco.

 

Pronto llegará la renuncia.

 

Lamento que la proximidad

exija un andamio de silencios caídos,

como una cruz que nunca resucita

entre los deseos más infinitos,

diciéndolo más claro:

estás decapitado

y nadie está contigo.

 

Cada grito es un cálido arrullo

con el que se bendicen las cenizas del sueño

exilio de las alcantarillas,

flechas ardientes vomitando sangre

estatuas que se borran

esperando las lágrimas.

 

¿Quién inventó las lágrimas?

 

Irse y recorrer de atrás hacia adelante

la cúspide que éramos.

Al terminar un vilo indecoroso

que no es certeza húmeda,

ni muy antes sequía,

con un tacto de raíz y cementerio,

llegará como braza desnuda

en la más débil lluvia.

 

 





 

ESPACIO VACÍO

 

Un decir no es vacío,

ráfaga centrada en el instante,

que bueno imaginarse entre jardines.

 

Entramos en la flor

¿Qué es la flor?

Inquietud o niebla, roce.

 

Vivir de la esperanza cuántica.

 

Afuera, lo que no llegó vuelve,

arrullo ciego, sequía, juegos imaginarios,

polifacética vigilia,

huracán benévolo de la posibilidad

en la esquirla del sonriente muro,

paredes ratificando el efecto mariposa

o la teoría del caos.

 

Dios no mira con su equilibrio al límite,

materia, silabas del aire,

antítesis orgánica.

Un hacer en su trazo original,

aparte, primera lluvia,

asciende o cae,

teorema sobre almas.

 

El cardo en el umbral inalcanzable,

pequeños,

próximos conquistadores de planetas.

 

Desde la catarsis alguna acción sonámbula,

frontera suspendida por la inercia.

El espacio no sueña,

se abre.

 

 





 

URGENCIA

 

Te extraño

cuando cae un piano

nublando las esquirlas

que mis ojos detienen.

Te anhelo entre abrazos azules.

¡Existes y yo me he dado cuenta!

 

Me dueles

cuando el polvo del aire

tapiza las pisadas del camino.

 

Para crear luciérnagas no estás

y este dolor que arde

hondo, hondo, hondo,

atraviesa las mariposas del recuerdo

haciéndolas sangrar

como un arcoíris pisoteado

por pájaros de fuego que no ven.

 

Mi urgencia es de garganta;

de aserrín que besa las paredes

en la leve oscuridad de las olas.

 

Te dibujo en la televisión y el tocadiscos,

y en mi piel que se descompone sin tus labios

como imanes que ladran

en recorrido cósmico.

 

Estrella de células benditas

¿Dónde estás verdadera?

 

Los libros invisibles con sus lenguas de plata

me acompañan en las noches de lluvia.

Me hacen falta tus manos de meteoro

para besar los baches del vacío.

 

Diciéndolo más claro:

necesito tu sombra

para iluminar el mundo donde vivo.

 



PARACAÍDAS

 

El aire invita a pasearse en el humo

afuera está el sosiego que blasfema

el suelo que golpea los aullidos de los rostros secos

lagrimas sin agua

cierta risa adolorida .

 

Caen las señales en labios

que no se desentierran

hay rutas en cualesquier parte,

y sed,

y lluvia,

y humo que se rompe entre pestañas ciegas,

oídos llenos de sucia espuma,

vacíos,

y nubes que se despiertan

entre ecos de nadie.

 

El cuerpo en su unidad estúpida

conjunto lento y torpe

espejo desnudo que canta decepciones.

La noche muerde con su infinito tedio

el viento es pared o jaula

hecha de flores impotentes

negro

blanco

piedras castradas

sangre estallando

noche

respiración que se pudre y asfixia el alma.

 

Las orillas transparentes de quien se niega

ancho mar sin anclas

escaso

amateur

prófugo

nosotros

ustedes

ellos.

 

Pero hay un ruido.

Yo no confío en un pájaro muerto.

 

He llamado provincia a este sueño

el que se pierde en una calle

colmada de aritmética

gritos imaginarios

otra vez bostezo

todo es viaje y suspiro.

 

Ahora

pasos que se detienen

semblantes oxidados

caída

noche estéril

la sombra es sustancia que se ahoga

solo sangre que huye

perfume que se besa

aquella vez

ella

aquella

cascada que danza en la ceniza

mujer como  refugio

estatua conmovida

mi voz sangrando aire

algún ruidito mudo se conmueve

como un estrella muerta

en un paracaídas.

 








 

 

INCENDIO

 

Desde el árbol la mariposa

rodea al semen con su rumor de limbo:

ortiga,

vaso,

piedra,

patada,

salivadera,

masturbación,

ala,

cigarrillo,

arteria,

cemento,

hastío,

cloaca,

concorde,

polea.

 

Yo soy la madera inflexible.

 

Tu boca mayúscula es atemporal

y telefónica,

y polvo,

y mascara,

y flor caída,

y chimenea,

y flujo,

y maraña,

y alcoba,

y recoveco,

y luciérnaga-azar,

y lanza aérea,

y fuego.

 

¿Hasta cuándo me verás cómo bosque?

 

 





 

ANTES DE DORMIR

 

Me despido desde mi ventana

con un rezo multiterrenal y hueco,

parpados cansados,

luz arriba de todo.

 

En tu brillo febril y diminuto,

tierra débil que apenas y se asoma,

vas del corazón a la pestaña,

te vuelves satélite y boceto

alimentadora de espejismos vacíos,

para mi cielo más que compañera,

respiración que se ahoga

lejana y natural.

 

Eres promesa rota

que nunca se despierta.

 

¡Has de ser también un cúmulo de fuego

en el aire galáctico,

invocando mis límites de pájaro!

 

Oscurece la masa globular en latidos silentes

y aunque el orgasmo me distrae de la sombra

me hinco y me persigno en el despeñadero,

observándote en la gravedad de mis lamentos.

 

Pretendo descansar

mientras presiento tu nombre metálico y aéreo,

hueles a pan y musgo, hierva recién cortada,

quiero soñar contigo aunque esté muerto.

 

Buenas noches estrella.

 

 

 





 

POLVO CANSADO

 

Cansado desde el polvo.

Escucha mi alto gris que te persigue.

Estoy naciendo de la sed del agua,

respiro por un hueco del vacío.

 

Te cantan las líneas de mi miedo,

escúchalas,

desviste su cadáver roído.

 

Una parte de mi termina,

mientras otra principia.

Estoy mudo de manos y de ojos.

 

Tu humedad sobrelleva instantes de retorno,

moscas perfumadas en el huerto de mi alma.

 

 





 

DIBUJO

 

En las ruinas del aire

yo descubro las letras del paisaje

y te beso y me hundo en lo remoto

y palpo desde el tiempo que se asoma

las curvas trepidantes.

 

Cabe todo en mi voz en donde tiemblo,

el milagro,

grietas que se abren y disuelvo.

 

Estoy en donde estás

y no sabemos hacia dónde vamos,

por remoto me vuelvo tu caricia

y me duermo en la huella que dejamos.

 

¿Cómo te dibujé mientras dormías?

¿De qué infierno bajaste hasta mis manos?

 

 

 

 

 

 

 

FRONTERA

 

Hacia el polvo,

las hojas de los árboles.

 

Ha llegado el metal,

letra sonora de líneas arrancadas,

el día en la lengua blanda,

silencioso lucero.

 

Una frontera arde,

décimas de segundo,

viene llegando un viaje.

 

Ya no mido el espacio.

Nubes de soledad

con el olor a tierra,

pero ya no es el aire.

 

Existe en un instante,

manos en movimiento.

 

Te hablo de la ternura,

el peligro que viene

equilibrando el viento,

la esperanza naciente,

la luz en la ventana

con el sudor del día,

piedra que se despierta

a la orilla del polvo.

 

El metal es el tiempo

y la luz mi agonía.

 

 





 

PRECIPICIO

 

Los sentidos del cuerpo

tomando las mañanas del deseo

con el océano quieto,

inhabitado, aéreo,

abandonado en el vaivén del agua.

 

Imagen vertida en el aroma

es tu sangre en la espuma,

los recuerdos.

 

Escucha el latido del esperma,

el origen de la vida en movimiento,

el mar naciente, los sonidos,

fuente de ensueños limpios.

 

De la sombra desnuda

que del tacto renace

siento la noche de todas tu pupilas.

 

Declaro al precipicio mi destino.

 

Te amo desde el muro de mis alas,

hasta el tierno silencio del vacío.

 







 

 

HEMATOMA

 

Moretes en el aire.

¿En dónde está la sangre del océano?

Esqueleto difuso del aparente cauce

que deshace los barcos.

 

El dios que entre llamas

responde a la ceniza

con vuelo de ermitaño.

 

Nadie callará tu neblina

voz dolorosamente transparente.

Subterránea caída,

títere del engaño.

 

El hematoma aliado

-amplia cobija de cantos escondidos-

es el pan que florece de la sangre

y que baila entre la pus de lo prescrito.

 

 

 

 

 

 

 

VAIVÉN

 

Las sombras hacen ruido con tus ojos

desde ahí palpitas

es así como atrapas.

 

En tu sitio esperas lo que no ha de llegar.

El fuego no anochece en la madera.

En realidad son mundos que se borran,

es el espectáculo del grito

el que teje tus manos.

 

Algún día lloverás en mi sudor cansado.

Todas las lunas perderán su brillo

y yo te extrañaré como la vez primera.

 

Tu vagina es la vagina del mundo.

 

 





 

DULCE CONVEXIDAD

 

En tus senos la noche

es un volcán anfibio 

que se somete al sigilo de la lengua.

Odas detenidas

en el temblor contráctil de la célula,

semillas encantadas y felices.

Alta redondez dividida 

para proceder al músculo

con quemadas sombras.

 

Dulce convexidad.

 

Región desceñida

que revolotea por todas las ciudades

y entra tiernamente en las epiforas

de toda anatomía.

 

Hay algo en tus pechos

que no es miel ciega

ni alrededor oculto.

 

Voy a respirar hasta nacer un día

y descubrir la soberbia de tu cuerpo

en la fricción de cada pétalo,

ahondar en la constelada protuberancia glandular

que se erige bajo la tibieza de tu cuello desnudo.

 

 

 

 

 

 

¡OTRA VEZ EL VACÍO!

 

Adentro de algo,

escapando a preguntas,

entonces un suceso:

la palabra se pudre

entre el escape del día

y el crujir de la tarde.

 

Forma transitiva,

señales como la voz del aire;

silabas caídas.

 

En el interior nada,

solo promesa y rostro

dientes que no se oxidan.

 

Lentamente la niebla arde,

letras sin agua

entregándose a los clavos

y la seda.

 

Nada está desteñido al parecer

solo la luz alrededor

que con el arcoíris se recorre.

Semanas concedidas al vacío.

¡Otra vez el vacío!

 

Poesía entre las heces,

mucho más entendible

un suave sacrilegio.

 

A partir de hoy diametral estampida,

sin cauce

y sin suerte.

 

¡Sin salida!

 





 

BATALLA DE CENIZA

 

Vuelves a mi antigua,

con tu coraza sigilosa,

como una intensa batalla de ceniza

que desdobla su sombra

en un lenguaje de espinas y memorias.

 

Durante la noche,

mientras el hábito es un ayuno mustio,

crece tu cuerpo magnético

y lo que guardo con oficiosa candidez

se desenreda.

 

Voy a tu lado resuelto e impaciente.

Podrían ser artimañas para hallarte,

para llover en ti

como serpiente trashumante y adicta,

mis repentinas lejanías,

mis corajes de no poder aprisionarte

contra mi pecho crepuscular y abierto.

 

Debería ser delirio de países

o reverso de notas musicales,

para darte mis diques,

contaminarte,

hipnotizarte con mis danzas de fuego

y fluir en tu espejo infinito.

 

Todas esas mentiras que te dices,

los desprecios y miedos que te llegan,

todos esos planetas que inventas cada rato

para consolarte

y continuar en el mendrugo de la fiebre,

me distraen de tu huella.

 

No entiendo el interior de tu destino,

ni las lágrimas que gobiernan tu aliento

pero sé que estoy contigo, que de ti voy;

que tus pies van formando un letargo

con que me pierdo y permanezco húmedo,

dispuesto a derruirme por tu nombre.

 

Yo no creo en reacciones psicológicas,

desconozco los términos budistas,

me fastidian las teorías de la mente,

pero creo en ti como verdad palpable

y en tu capacidad de duendecilla alquímica,

transgresora de toda realidad.

 

Hoy te heredo mi sombra hospitalaria,

sé que el resplandor de tus arterias

me hará encontrar el viento de partida

para asomarme de nuevo a tu memoria

y así golpearte por fin tan dulcemente

con mi latir de amor.

 

 





 

ENSAYO DE LUNARES

 

Mi mujer tiene

ciento ochenta y cuatro lunares

con que perfuma al mundo,

exactamente todos

colocados en órbita.

 

Son abismos de piel,

soberanos hermosos,

piadosamente hechos.

 

Sus misterios despiertan

en ágiles murmullos de distancia,

suspiros que se cuentan en milímetros,

ciudad de caricias,

calidez y crepúsculo de anhelo.

 

En breves y despiertos pétalos del aire

flota su cuerpo floral y distraído

invocando sutilmente a las nubes.

 

Mas que de aurora suave

o de espuma invernal,

sus adorados mapas o puntitos

fueron hechos

por el más urgente de mis besos.

 

Una virtud resuena

en la punta de sus pies melodiosos

y escala peninsular

y abierta hasta sus piernas,

llanos infinitos de trigo y miel

que germinan como columnas

en plenitud poética,

luego sube a la curva

de su espalda baja

por un acento penetrante de relieves,

amplitud transparente

de lo que resplandece,

precisión en densidad

y en humana distancia.

 

El epicentro del universo

muy cerca de su ombligo,

custodiado por muslos dorados

en vuelcos silencios,

sitio frágil,

ternura que permanece

inmóvil en esencia.

 

En su espalda

no caben más suspiros,

festejos de justicia

con que despierta

el brillante equilibrio,

batallas de sangre que fricciona,

guirnalda hambrienta de deseo.

 

Su mirada sin embargo,

o apropósito,

es el tenue sonido del espacio,

patria de la voz perimetral

de dios sobre la tierra.

 

Sucede que sus pechos

enmarcan el destino de la curva,

famosa dulzura del océano,

alimento de la tibia esperanza,

montañas de algodón cristalino,

vocación de mi lengua.

 

Estar como noche entre su cuello,

respiro blando, venas decisivas

y líneas de paloma desvestida.

 

Sus lunares son entonces

el revoloteo celebre del aire,

retoques perfectos del camino

con trozos de sonrisa,

febril y amordazada desnudez

para salvar la fantasía

con benditas

estrellas diamantinas.

 







 

CENIT

 

No puede decirse agua.

La piedra arriba,

es comarca o casa;

es abrazo,

es un imán impenetrable.

La vida como Dios.

 

Puente en el sagrario que blanquea.

Orificio por donde se escapan los fantasmas

ebrios de tanta luminosidad.

Caricia interna,

plagio,

establece el clima,

la órbita fluyente

que en su oquedad

desconoce cualquier desavenencia.

 

Sitio menguante,

coronación de cantos.

Muerte.

El primer equilibrio.

 

Fuimos la línea milenaria

y la vasta prolongación del albedrío.

El único tratado de política.

 

En nuestro jardín original

la claridad cansada,

sabanas de plata errante.

Somos la historia del cenit y la fuerza del golpe.

La sustancia.

 

Un gesto solar bajo el abdomen.

Hermosos átomos reproducidos

en un filoso vórtice.

Liquido roto.

Geranio descendiente,

metal,

agua,

zumbido.

 

 





 

COMPRENSIÓN DEL ECUENTRO

 

Si un grano de arena significara mi patria:

despertar bipolar

y encuentro amistoso de violencia

que nunca miente

y nunca se equivoca.

¿Qué dirían de la sed?

¿Quién sabría advertir a las arañas?

¿Cómo podría curarte mujer esa herida nupcial

de entre las piernas

que tienes heredada desde aquel paraíso?

¡No estoy parafraseando!

 

Antes de deducirlo déjame morir

y despertar al precipicio;

déjame, primero que otra cosa,

buscarte entre las piedras que acarician la tierra.

 

Ayer, mientras el rincón de tu aliento

se hizo persistencia en un zigzag deforme

por no tener las respuestas que querías,

recordé la endiablada urgencia

con que amé tus caídas,

porque vuelas, desalada,

por lo más nauseabundo de mis desesperanzas.

 

Como me gusta tu flamante intransigencia;

esa escarpada columna de piel con que derrites,

reanimas, haces tus desvaríos

y levantas todas las erecciones.

Adoro tu garantía de entrega en

“máximo media hora”,

tu mutación angular y en edificio,

enlutada y perversa,

asesina inocente que conoce los secretos del mundo.

 

Eres más virgen cuando te abrazo por detrás

mientras desapareces en un silencio inmune;

cuando te siembras gozosa en el equilibrio vertical

como un día creciente que da vida;

cuando me exprimes hasta el tuétano

y tu lengua es un nido de pétalos nacientes;

cuando mis embestidas

hacen que una música recién compuesta,

valiente y profunda resuene en tu garganta;

cuando estoy en tus fauces

y el grito se siente generoso en movimientos.

Es ahí cuando sé algo,

comulgo en el origen de las cosas.

Entonces comprendo que soy libre y sé que Dios existe.

 

 







 

LUZ ESTRATÉGICA

 

Con la luz estratégica y abierta,

atrincherados en las pupilas

de los días que se han ido,

los relojes con su idiotez

de tantos engranajes,

en sus lenguas danzantes,

mascullen la amorosa ternura

con que el eco evoca algún sonido que se fue.

 

El mar sueña

con las alas de las gaviotas,

murmurantes atavíos

en el más humilde aplauso de las horas.

 

Todo camina en círculos,

pero llega la sed

y anhelando las copas de los árboles,

brillan nuestras palabras

en una densidad que no se halla;

se desmayan en las mismas banderas,

y ni las voces duras y esbeltas,

ni las letras ensimismadas las recuerdan.

 

¡Cuánta monotonía!

Nunca se entendió el dolor de las sonrisas,

la permanencia,

el miedo,

el temblor de las manos

debajo de las faldas.

Nunca se vio la magia cinemática

en la sagrada desnudez de toda prostituta.

 

A golpes imperfectos el bostezo,

extraña mueca de playa develada

volteando hacia el futuro,

mientras tanto,

en la frente el alba,

y como si fuera un gemido asnal y primitivo,

el rencoroso motor de las piedras

va perfumando la tierra

y el aire

y el sonido. 

 

 





 

OFRECIMIENTO

 

Éste no es un poema de concurso,

es cierto, pero veras:

Cuando me quedo solo

y empiezo a descubrir borreguitos en el cielo 

y pienso en el amor

-que no es otra cosa

que una espada deportiva y frágil- 

encuentro que los laberintos

son más juguetones en invierno.

 

¿Recuerdas vida mía

como suspirábamos al ver llorar los árboles

en la arena cortada

mientras dormíamos instalados

en ese punto del silencio?

 

No olvido tu naricita roja por el frío,

ni tu cuerpo afilado y ergonómico,

y qué decir de tus características de estrella.

 

Vivo un déficit por el óxido de los violines,

ya es insoportable esta mano vacía;

las noticias de la crisis y del cambio climático.

 

El primer premio ha quedado desierto.

 

Te regalaría una caja de chocolates

si no estuvieras muerta 

(lo digo en el buen sentido de la palabra)

 

¡Bonjour crépuscule!

es lo que quisiera decir por el momento.

¿Qué carajos son las despedidas?

 

Mi amor

¿Aceptarías que te donara un órgano?

 

 





 

MANIFIESTO

 

Al maestro no le gusta mi pijama.

¡Aleluya! Al maldito y desobediente whisky

que despertó al cisne asesinado,

porque ese abominable ángel de las nieves

(de arrayán y pistache)

hacedor de rimas,

santo de la gramática y lo obvio,

azul y bajuno,

tuyo y de nadie,

ruge en los insomnios del desierto

para llenarse de premios el ombligo.

 

Poemas para árboles,

poemas de oficina y corbata,

poemas para leerse de corrido

en los estrados escolares,

con espíritu propio,

poemas para hacer lobotomías.

 

¿O vosotros que opináis?

 

No es nada personal debo decir.

Mis dedos no saben nada de divorcios.

Mi corazón vulgar: moderno animal,

rey de las luciérnagas comestibles y agazapadas

en el fuego desojado y tenue

de la ciudad con el cielo más alto.

 

Mi descendiente:

un papel rayoneado con cianuro y cerveza barata,

letras manchadas con semen,

hijos míos,

frutos amables de mis andanzas

prematuras y torpes con la estrella matinal y bíblica,

mujer mía,

inmensamente dulce como orquídea furiosa,

son una reliquia en el instante

en que la admiración se convierte en violencia.

 

Aleluya a los minotauros

que se afeitan con el silencio de los poetas,

o que por lo menos ensanchan los libros,

o la sangre de las chimeneas,

 o limpian los monumentos a la metáfora.

 

Que los sueños de los que anidan

el humo de su cuerpo

al dar los buenos días a los pechos de plata,

y los que se acurrucan en los brazos de los eucaliptos,

sepan hallar en estos pasos de guitarra friolenta

la más febril y nauseabunda preciosidad del hierro,

la gruta,

el ataúd,

la máscara,

encontrarse en la libertad de Botticelli,

y sobre todo que se arropen

con la añil profecía de los juguetes,

para incendiar en una sola voz

y para siempre los puertos

y las ráfagas de la lujuria.

 

¡He dicho!

 

 

 



 

 

ESCONDITE

 

¿Cómo esconderse dentro de un elefante?

Es simple:

Hay que adherirse al espanto desnudo de su sombra,

manteniendo siempre una fría gota

de manteca y de lumbre debajo de sus ojos.

 

Después, con una escoba,

nuestras uñas se deben desprender de sus colmillos,

y antes de llorar perfumarnos los parpados.

 

Su piel tiene que perecerse a nuestros labios,

y sus orejas a nuestro corazón.

 

Para hacerlo mejor hay que tomar distancia

y perder esa aurora espumosa y cansada

que se esconde tras la puerta de los charcos

y de las bibliotecas.

 

Entonces sí habremos de adentrarnos.

Nadie puede advertir que estamos solos.

 

Debe tomarse en cuenta que un cuerpo inhabitado

se acaricia a si mismo con las huellas del mundo.

 







 

TRADUCCIÓN

 

Antes me apellidaba pregunta y me buscaba a diario,

cuando los caballos histéricos eran mis compañeros,

cuando me emborrachaba con las pupilas primitivas,

cuando mi domicilio olía a remedio inmóvil

(un escape abandonado y vivo),

cuando los carteles del aire eran de hoy antiguos

(dibujos transparentes),

cuando estudiaba y leía que el porvenir

no estaba en el mañana.

 

Es cierto que dividí la madrugada huérfana,

fui tal vez el primer vapor enamorado,

pero las puertas,

las laringes cíclicas de la locura

fueron quienes nos alejaron.

 

Ay pero cuanto,

cuanto estaba dispuesto a disolverme,

quería llover como pan que desemboca

y estalla mudo y doloroso.

Era el cementerio sin saliva,

el glaciar que tiembla y se muerde las uñas

ansioso por contener el color de la tarde.

 

Miro la tierra y desaparece frente a mis oídos.

Yo no soy el que se convirtió

en un parpado otoñal y sangrante.

 

Bajo las infinitas hojas de una habitación

veo caer el metal sobre los hombros

con esa caminante ligerez de caricia,

mientras se escapan los amigos

y se diluye satisfecha,

en exigentes vasos,

la semilla soez de la continuidad.

 

Traducción:

poeta significa

s

o

l

e

d

a

d.

 

 



 

PARAÍSOS CERCANOS

 

Bajo tu sombra dulce voy nutriendo mis pasos.

Voy quedándome quieto debajo de tus alas

hasta ya no ser yo.

Mientras,

tú recorres la patria de la resurrección

invocando a la luna,

cómplice de nosotros.

 

Tu voz,

esa magnífica vocación de lo divino,

es música y almizcle,

almíbar insurrecto.

 

Hay leche y un licor del cielo en tus oídos.

Tu cuerpo tiene letras y paraísos cercanos,

exactitud,

y un bosque

donde las lágrimas se convierten en flores.

 

Te amo así,

plena y extraña,

incomprendida por las palabras que no he dicho.

Mis gestos te buscan

mientras vuelas educando al espacio.

 

Dulce,

dulcísima estrella de color amarillo

me buscas en tu historia

y soy como un niño prisionero del aire.

 

Guárdame entre tu pecho hasta volverme etéreo

para gritarte mía como siempre lo has sido.

 

Llegaras luz delgada

a reformar lo más profundo de mis ganas,

y tu aliento penetrado por mi

nos ha de aproximar al infinito.

 

Hoy dejo mi corazón

y mi gratitud entre tus piernas,

esperando que el tiempo

te ponga a respirar desde mis ojos.

 

 





 

ETÉREA

 

Debajo de tu lengua

se alza el nombre de la lluvia

que despeina las tardes.

Metal furioso y gotas del silencio.

 

Vuelas, hoy vuelas intimidando

diámetros y líneas.

Dulce afrodita que dibuja espirales.

 

Cuando estoy renaciendo

y me corto en estatuas

y soy necio como un vapor salvaje,

entonces me deshago

en cada esquina de los vidrios,

y soy fermento de flores y alfileres.

 

Entonces, solo en ese momento

es cuando advierto el volumen

de la masa y el sueño.

 

Tú te acercas cautiva,

con la mirada incierta,

y haces de la sonrisa un grito y una urgencia,

disolviendo la esencia de las aves

en un trinar maduro.

 

Ya el viento se enamora de tu sombra,

y mis brazos por nutrirse te aprisionan.

 

 





 

OLVIDO SOLITARIO

 

Voz colérica

y ahora solitaria

de colinas

y sabanas en tregua.

Allí pendientes vamos

y apenas coloreando

desvistiendo la música

y solos caminando.

 

Disección anacrónica

de espanto.

Más cruel la ofrenda

colmándote de nubes

y en las distancias toxicas

lapidarios los astros;

inertes y ambulantes,

zambullidos en toda la saliva

y en el humo

celeste del espacio.

 

Yo te conozco aún,

pero ya te he olvidado.

Es inútil tu canto

de chimenea ondulante,

dogmas estrafalarios.

Tus muslos parpadeantes

y pestañas románticas

riéndose y esperando,

y alimentando

esta molestia efímera.

 

Solo.

Bajo el azufre,

convulsionando

sobre la amarga espera.

La lluvia derruida

por paraguas

y las enredaderas

en el mismo horizonte

desmedido.

 

Voy solo,

mi cama boquiabierta

se cuela en los espejos

comulgados de polvo,

como en un juego

de uñas y banderas.

 

Modestia parte

desde luego:

Tú dejaste mi tumba

revestida de vida,

como copos de nieve

anunciando la suerte,

una costa

de besos hipertensos

un canto prenatal

desde la espina

una piel intacta

y en silencio.

 

Olvídalo péndulo

y cicatriz,

mascara estrafalaria

hueca hasta el microcosmos,

anémica, endiablada.

Olvídalo glóbulo invertebrado,

oscura y orbitada.

 

Olvídalo mi amor,

esto no ha terminado.

 

 



 

ZOOM

 

Volar es dar un zoom hacia lo abierto

desaparecer poco a poco en el festejo;

es penetrar en un milagro tierno

y decir “hola” delante de un espejo.

 

Volar es eyacular en el infierno;

es exprimir la hierba centellante

aniquilar el polvo en los aplausos;

es nadar con el alma dando saltos

contando con los dedos 1, 2, 3, y 4.

 

Volar es presenciar y ser amado;

es hacerse chiquito con las nubes,

alejarse del aire traicionero;

es ser espantapájaros del tiempo

crepuscular y cometa a montoncitos;

es llover celular en el invierno.

 

Volar es ser peatón y estar desnudo;

es beber lo invisible del silencio;

es amanecer como candil cuando estás solo

y es acercarse al oxígeno y lo eterno.

 



 

 

ABISMO OCULTO

 

Entre tu piel y el aire hay un abismo.

Todo tiembla en fluidos que se ocultan

abrazando a la luz del paraíso.

 

La lengua que poseo te memoriza

y palmo a palmo, la saliva inquietante

desde el vientre a la espalda

donde mis manos incendiadas enmudecen.

 

Te busco entre los parpados del aire,

-estatuas vírgenes con la mirada abierta-

Y saboreo tus senos como nubes o ausencia,

que en las tardes de polvo se desgastan creciendo.

 

Entre tus piernas hay un millón de estrellas

durmiendo en la espesura de la luna,

playas dulces latiendo al infinito,

azul desnudo y espuma que amanece,

viento que se detiene con mi cuerpo

humedeciendo el rostro del olvido.

 

En llamas nuestro sangre y el aliento

desdibuja la voz de aquel instante.

Entonces te penetro y me aproximo

hasta que nuestro grito

se arrulle en espirales del abismo.

 





 

METAFÍSICA

 

Me gustaría ser aire y navegar sonriente

siempre con las manos arriba,

dando golpes de pecho en cada nube

y a diario estar contento,

con el corazón fuera de órbita.

 

Me encantaría,

oh me fascinaría

no ser ésta masa de humo;

solo niebla

y tierra,

y forma adusta que no sonríe,

se entristece,

grita y se emociona.

Voz de fuego y corazón de agua.

 

Y no.

Ya no ser una piedra con vocación fatídica

y necedad al vuelo.

Y no soñar por nada.

Disimular el aroma del acero

y adelgazar las lagrimas

en un charco de agua.

 

Que bueno seria,

que positivo y necesario

por el bien de los cursos y los astros

y de esas hormigas que me toman en serio,

entender las razones

y volverme incorpóreo,

como un atardecer

pero sin flores.

 

Me gustaría que no se me inundara la pasión

con pequeños abismos de soledad,

y en el ocaso

ya no cantar esa música

que tanto gusta a las mariposas

y a los sordos.

 

 

 

 

PAREDES DEL OCASO

 

Alfileres cansados en el ojo.

Nació el ruido,

cansado,

entre la selva inmóvil,

traicionando con su tibieza lo prescrito,

no llegó el eco.

 

Relámpagos estrafalarios.

 

Se corrompió nuestro ángel de la guarda,

portavoz del asfalto,

con su orín y su hipo,

y ese nihilismo que no florece,

de nada sirvió el revoloteo.

 

Venas inyectándose petróleo,

inevitables calles,

nación,

pasos anhelando un gueto

donde todos quepamos.

 

Las astillas de la voz enmarañada

y la traición pariendo nuestra sangre,

vidrios en las moléculas,

guerras bajo cualquier pretexto,

alarmas nucleares,

egoísmo,

llagas como bestias podridas.

Esto no es una descripción.

 

Díganme lo que quieran damas y caballeros,

ustedes que no se han dado cuenta

aparezcan con su risa mojada por el alba,

los años, la saliva,

elegantes mendigos educados e impotentes,

muéstrenme la piel del aire

manchada con la pólvora,

idólatras del becerro de vómito,

enséñenme los poros del espanto,

sin restricción,

casas derruidas,

señales desnudas,

agujeros hechos por lágrimas

que no saben nada de política,

globalización yuxtapuesta,

suya,

de nosotros,

sin amor,

ni ritmos ocultos como pájaros,

sin mareas.

 

Lloviendo los discursos

pero nadie nos mira,

somos los recordados por las moscas,

los gigantes del asco

con caras de pastel

y sin delicadeza en el calzado.

 

Cada día se ofrece borroso,

desorientado,

con su virtualidad

se contagia de una enfermedad incalculable.

Deshumanización del horizonte,

los círculos limítrofes del aire

ingieren los peñascos de lo abierto,

saludos con una sola mano.

 

Cansados de enterrar nuestra tumba,

ladramos en hambrientas fogatas nuestra ruina,

caminando en las paredes del ocaso.

 

 



 

MAGIA

 

¿Qué más es la garganta que una cueva de abejas?

La desnudez también cansada,

cobijando,

dando masa y salitre

ilumina la carne de los ciegos.

Y el pensamiento llega hasta el mar

melancólico y roto,

como el llanto virginal de los suicidas.

 

Los testículos caen como la tarde.

El arroyo,

la tierra,

todo es profundidad en el olvido.

Figura sólida que dura en el espejo

como un punto infinito.

 

Torpe la muerte,

dedos escurridos en pieles violentísimas.

Pasan las moscas,

el calor,

los zancudos,

y nada pueden hacer contra mi sueño:

invencible faraón de mil cabezas.

Nada contra el zarpazo de Dios

con carnet de extranjero.

 

¿Acaso la hiedra sabe leer mi nombre?

Nada de expresionismo con manos afiladas.

Ningún cuerpo invisible para punzantes árboles.

Siquiera la memoria marchita hasta la medula.

 

Magia,

¿Por qué tocas con tu lámpara mi lengua?

 

 



 

PENUMBRA

 

La humedad llegó perfumando la nada

ese oleaje de piel que no se nubla.

Minotauro desnudo de presente.

Saliva hundida

y voz que se desangra.

 

Desterrando vuelos y suspiros,

sombras incandescentes a lo lejos

los jardines ciegos que nos besan

se calcinan y hablan.

 

Suspira la penumbra

que no duerme,

mientras la soledad

desde una esquina

sigue chupándole

los senos a la muerte.

 

 



 

LUNA

 

Letra amada.

Fugitiva propietaria del ensueño,

todas tus consignas,

todos tus viajes;

tus boletines espías y mercenarios,

se diría que no son por tu naturaleza de cocodrilo,

ni por tu puño de pegoste eléctrico.

 

Sin embargo tu luz neón, oh sórdida,

tus ojos de pólvora cabalgando en la bruma,

las carcajadas y los sacrificios del tráfico,

son aciertos que das a tus espectadores.

¡Nunca ha existido más prosperidad

en cuanto a cráteres!

 

Aspiracional es tu destino,

das calor y orientas a las nubes.

La humanidad conoce tus artilugios mágicos

para agrandar el capital del aire,

ningún miedo cabe en tus manos de montaña ceñida.

 

Solo las calles con líneas fluorescentes

y las pelotas de los niños

se esconden en las almohadas de los insomnes.

Los adolescentes y mayores por su parte,

ávidos de la necesidad de voltear hacia el cielo,

te reconocen en sus pasos alienados.

 

Sin verte brújula agónica,

el aburrimiento, el suicidio cotidiano,

y el sublime e imprudente germen del ronquido,

no serían más que una llama pulsante;

encandilamiento del plata y el azul

en la cortina del más íntimo de los amaneceres.

 

Hay académicos imaginarios y frutales

que se conmueven y preguntan:

¿Qué sería sin ti de la Navidad

y el día de la bandera?

¿Qué se haría para festejar a las madres

y a los enamorados?

¿Qué brindis oculto florecería

en las bancas de los parques?

El motel de paso ya no sería la heroica y sedienta

Basílica de Molière y de Nietzsche.

Los cumpleaños desaparecerían vertiginosos,

trayendo la espumosa palabra mil veces maldecida,

frágil huella, propiedad mascullante

de la inmortalidad.

 

Pero de ti ángel del misterio que refleja

será siempre la maquina anunciante

y las inmunes venas de la reproducción,

y has de llegar a todas horas a nosotros

como un horizonte milagroso y mediático.

Los adjetivos se borrarán de los escritos

como antifaz homófono,

y nacerá la promesa de estar vivos.

¡Libertad, libertad, libertad!

De lo que ya no es y nunca

ha sido.

 

 

 

 

 

 

EL SUELO

 

Buscar puertas en el cuello de un cisne

y escuchar la salida de un refugio fugaz

que por violento tapiza la falda de los árboles.

 

¡El suelo no está manchado aún!

Sus venas fluyendo en magnetismo.

Sus bestias calculando las flemas delirantes.

Sus lluvias continentes de ojos.

Sus gemidos dentales cristalizando el ritmo.

Sus axilas de tigre devorando violines.

Sus actos congelados por la edad y el deseo.

Sus crímenes terrestres cepillando el vacío.

Sus navajas vestidas de semillas infames.

Sus cráneos disolutos asfixiando el escombro.

Sus recuerdos mutados en los llantos del vidrio.

Sus cenizas adeptas al oxido del aire.

Sus billetes aterradores de los afrodisíacos.

Sus puños fornicando la patria del pasado.

Sus labios de tormenta que combate la noche.

Sus vuelos de coctel en el conglomerado.

Sus dedazos de oro y militares de a centavo.

Sus cuchillos orneados en el pecho de un ángel.

Sus luciérnagas húmedas y de cabello largo.

Sus camas enterrando la sangre.

Sus leyes como senos descansando en las manos.

 

¡El suelo no está manchado aún!

Solo quiere mirarnos.

 

 



 

PÁJAROS

 

Devorando humedad aparece la luna,

llamas caníbales,

blanca dulzura que

llega de las sabanas a masticar planetas.

 

Su furia se posa debajo de los árboles,

como la sangre va cubriendo las sombras.

Mar desnudo que sueña entre las piernas

un surco marginal en el olvido.

 

Horas donde el espanto

no cabe en todo el baile,

selvas ensimismadas

contenidas en ritos amigables,

olas desperdiciadas detrás de las orejas.

 

Avanza en las vitrinas la luna,

es la disciplina del crepúsculo,

solar de arcilla que fluye sonriente y prenupcial

hasta la plenitud del equilibrio.

 

Yo no pertenezco a su temblor maduro,

yo tan solo me acumulo entre las nubes

para que mi estirpe se pueda sepultar en el presidio.

 

Ya viajaremos en la noche vacía.

Las calles despertarán en huracanes asexuados,

y los humeantes vestigios de la lluvia

derribarán con sus navajas nuestro cielo.

 

Hay que darle origen a los dedos,

escurrir sus pirámides en el nombre del sueño.

Que los pájaros enfermos de poesía

dibujen con su sed los átomos rotos

de todo cataclismo.

 

 





 

ECLIPSE

 

La media luna de tu imposible ausencia se eclipsó

y bajo tu huella que menguaba

siguió la tierra llorando para ti.

 

La naturaleza reclamaba tu presencia

y tarde era para volver atrás.

 

Sin embargo yo sabía

y pensaba, que no podía seguir

todo siendo sin ti.

 

Y busque en los elementos y ahí estabas,

cerré los ojos y ahí estabas,

abrí las manos y ahí estabas.

 

¡Lo sabía!

No puedes marcharte aunque así lo quieras,

tendrías que llevarte de equipaje todo el universo.

 

 

 

 

 

LO INVISIBLE Y SILENTE

 

Tú no puedes saberme en lo invisible

del nublado pañuelo de los mares,

ni guardarme en lo insulso de una entrega,

fantasmas que cayeron.

 

Si supieras cortarme con el cielo,

si me alzaran tus lunas, tus espejos,

ya no podría casarme con el aire

ni habría de hacer burbujas con tus sueños.

 

Una pradera ciega me levanta,

las flores de tu cuerpo están sonriendo,

al fin que así te quiero despiadada,

sombra de la avalancha de algún ángel enfermo.

 

Luz hiriente de voces, pequeñísimo aliento.

La soledad es la playa que abrazamos,

espacios y culebras por donde viajaremos.

 

La ciudad como muslo desde el primer incendio.

Recién están los labios en ventanas al vuelo,

mientras la noche sigue con esa prisa amarga

que te ínsita a ser filo que desvista al silencio.

 

 

 

 

ACERCAMIENTO

 

Muy cerca he estado de guardarla

en la nube de caricias cotidianas,

ese libro que sutura al silencio.

 

Me deja su color y sus aromas,

la imagen con que quita el escombro,

el himno de los labios apretados.

 

Nuestro cuerpo está girando,

y seguirá perdido en el espacio,

el sueño largo, las horas de conciencia

en que no hablo.

 

La quiero desde el hueso

por precisa y completa.

Y el dolor se le escapa

cuando cierra los ojos.

Entrega con sus alas la pureza,

y yo quiero ser casa,

luna de la floresta conspirando en el mundo.

 

Me entiende sin quererlo

y recoge mi sangre desde el suelo.

Lo amargo se le ofrece en un espiga

solo en esa gloria de la que los abismos

se arrepienten.

 

La eternidad le esta otorgada abiertamente

en el aire impotente en que transmuta

en que se viste sola

y crea la perfección sin darme cuenta.

 

Y lo dulce le escurre desde el vientre

en el lugar perpetuo

en que el misterio se viste de presencia.

 

 

 

 

ANIVERSARIO

 

A veces formas parte de la inocencia

delgada del relámpago,

otras del incendio del beso y la neblina.

Por ti darían mil giros las estrellas,

anhelarían volcarse en tu sonrisa.

 

Así es tu piel de dulce ensimismada,

mar de esperanza para la luz sedienta.

Las flores hacen paso a tu latido

y a la complicidad de mis arterias.

 

Abro las nubes para que del recuerdo

salgan las mariposas a proteger tu sombra

cristalina presencia y te quedes conmigo.

 

Yo caminé en la noche por todos los abismos

como el mínimo fruto de tus amaneceres

pero tu voz tan justa derramó ese tu nombre,

oh siembra,

y socavó al silencio en cuerpos paralelos.

 

Aquí te espero amor,

muérdame tu inocencia el sacrificio

que callará mil lagrimas mi espejo,

mientras tu nacerás del mundo

para ser universo.

 

Pequeña.

Haces todas las formas en pétalos de cielo,

y regalas la tierra,

aproximándote frágil y lunada

a desatar las líneas de toda transparencia.

 

Te conocí en la soledad de la caricia presta,

cuando la risa suspiraba impenetrablemente ,

pechos como colinas de plata y de gardenia,

madrigal insurgente, temor desvanecido.

 

Espirales de cielo naciendo de una boca,

resurrección distante, proximidad etérea.

 

Brazos y piernas suaves, penínsulas del aire,

manantial de vacíos.

Ceguera que me inunda y hace crecer raíces,

perpetuidad primera contenida en tu esencia.

 

Te llamo pues, oh mía,

de la perpetuidad que hace al amor invicto y te vuelvo mi ruta,

rincón donde me escondo de tu muerte más mía.

Para ser el viajero en tus noches de lluvia

y volverme tu mano si llega la sequía,

y tu voz me despierte,

y tu alma me confunda,

y seamos uno mismo como somos ahora.

 

Yo te agradezco entonces por este exacto módulo de vida,

distancia en que mi origen respiró por tu aliento,

promesa hecha de vida,

fantasía inexplicable,

y todo el paraíso convertido en tu cuerpo.

 

 

EVANGELIO

 

Ésta jaula que embellece al instante

ilumina al que estalla en la huida más próxima,

por sus propios latidos,

como pájaro muerto entre las sabanas

no puede salvarse.

 

Dicen venir para el desierto adentro,

para los que no saben en dónde está la lluvia,

esa prisión interna que sucede,

isla mortuoria que ilumina el destino

arrastrándolo a sus muros de sombra.

 

Es el escape puesto para alguien.

¿Nosotros los hijos titiritantes

que no tuvimos pasaporte para nacer?

 

No somos el peligro que aparece

cuando el veneno sueña.

 

En nuestro mundo no caben paraísos asexuados,

solo a veces infiernos que sonríen

gritos imaginarios que destilan saliva,

pasos en escalera silenciosa

hasta alcanzar la esencia de las cosas:

 

La clonación de Dios.

 



 

ESTRELLA FUGAZ

 

Eres mi estrella

que viaja en lo profundo,

donde la voz

ejerce un firmamento.

Te veo en los equipajes

de la luna,

ninguna sed te

vuelve transparente

ninguna nube

te acerca en mi desdicha.

 

Desnuda e insurrecta

te acaricio,

mientras tu brazo

se despide del aire.

Rondando cicatrices

y ríos imaginarios

lloran mis manos

recorriendo el vacío.

 

Sonrientes las llamadas

que no existen,

son muros

y ventanas trepadoras.

Los labios

del incendio no te buscan

sueñan con espirales

en el alma.

 

Te presentas inerte

con mi sangre en tus manos,

para crear con ella

una canción de espejos

y prolongar así

la medula del día.

 

Inundaré tu canto

con magia desmedida,

cambiando las

lagrimas por niebla.

Te buscaré un temblor

inmóvil y callado,

si no me olvidas tú,

sino me olvidas.

 

Mil besos de reojo

en el paraíso

para que duermas

perfumando la tierra.

Camas y enredaderas

en la sombra

mostrando con su boca

la esencia femenina.

 

Rapsodia suspira

en sus amantes

volcanes de amargura

en el abismo.

Mientras la libertad

hace cantar palomas

debajo de la almohada,

tras cada puñalada

en acertijo.

 

El corazón

se apaga sumergido,

polvo violento

de lo que soy yo mismo,

de lo que es una cosa

que no ha sido.

 

Mariposas sonrientes

van tallando tu cuerpo.

 

Luego dibujan bosques

con tus piernas y manos.

¡Es tu proximidad

la que despierta!

 

Y cuando haces

con humo transparente

una alfombra

para mirar planetas,

entonces te recuerdo

como siempre:

respirando del

viento enamorado.

 

Es tu voz de princesa

máxima flor del aire,

la que vuela entre olores

que se crean infinitos.

Dulce naturaleza,

no puede ser tu sombra

otra cosa que el tiempo.

 

Los espirales que divergen

cualquier intransigencia,

gritan con su destino

un trinar rapsodiano.

Así está tu recuerdo

recorriendo la noche.

Toda la oscuridad gira

en torno del mundo,

para ahogar con sus poros

mi tristeza.

 

La luna como vela

es apenas otoño

que despierta,

mutando desdichada

en la espesura.

Es pájaro de luz

que desvanece

y se hunde

en mi nostálgica sonrisa.

 

Son ramas del camino,

cómplices del silencio,

las que buscan

tu presencia de universo,

para volverse

estatuas que transitan.

 

Solo el albor te aleja

de la espada.

Son pan y zanahorias

diamantinas,

las distancias

mas lejanas al llanto,

ese alimento de

estrellas levantadas.

 

Las venas flotan

sobre muletas corredizas,

como un traje

de círculos gemelos.

Y la oquedad brillante

en cada grito abierto,

sucumbe entre las sabanas

mi posible rescate.

 

Mientras la tarde

inhala el color

de las banquetas,

ese cuerpo,

principio del instante, crece,

es mujer y mañana recubierta,

alba de todo sueño.

 

Paz y equilibro

bebiendo la sorpresa.

 

¡Oh mujer! ¡Oh labios!

Transfiguras en cada

pie o sombra

un rincón uniforme

de mis ojos.

Eres sustancia

que emerge de las alas

de toda infinidad

y todo espejo.

 

No he de buscarte

en promesas sin salida,

hasta que me deslumbres

con un golpe sin nombre,

y uno de tus reflejos pasadizos,

mezclen extintas

voces con mis huesos.

 

No me importa flotar

en el incendio,

si tus manos de espuma

recobran nuestra

herencia de mañana

y el mundo renace

parpadeando,

o ciego, pero siempre

latiendo con mascaras

de aliento,

con números cambiantes

y sangre taciturna.

 

Búsquenme tus sonidos

como piedra,

o noche o murmullo

envuelto de saliva.

Pero constantes,

siglos de nacimiento.

Y más amor

debajo de los labios,

y mas camino

abierto por las flores.

 

Presencia, azúcar y rodeo,

que del polvo

hace flotar el alma

renaciendo

por fin de la ceniza.

 

 

 

 

 

 

CUERPO CIUDAD

 

Un rostro en el espacio,

herida que camina,

selva de jardín negro,

charcos de ciudad inhalando bacterias.

Quietud de nube,

desparecer ese cristal en que penetra todo,

invisible paisaje.

 

Inventamos la línea que se borra,

lento boceto,

nace la lengua que se alza,

camina el ruido intimidando la intemperie.

 

Algo  llegará cuando el beso sea polvo,

luz que se dobla,

llegará para alguien,

futuro que se abraza entre voces de humo.

 

La soledad se nos cae de los ojos,

los ojos se nos caen de las manos,

las manos se quedan dónde están.

 

 

 

 

AMOR/ODIO

 

La patria es una sombra llena de ojos clausurados,

angustia que blasfema

suelo que escupe aullidos en rostros invisibles,

odio inocente,

lágrimas sin agua.

 

La noche muerde con su infinito tedio,

el viento es pared o jaula hecha de flores impotentes

verde, blanco, rojo,

piedras heridas,

sangre estallando,

frágil día,

respiración que se pudre

y asfixia el alma.

 

En llamas las banderas que no se desentierran,

balas escurriendo y muy poca esperanza

venas abiertas

y humo que se rompe entre pestañas ciegas,

oídos llenos de sucia espuma,

silencios estúpidos,

impotencia que despierta entre ecos de nadie.

 

Yo no confío en un águila muerta,

gritos castrados por los mismos labios

al sonoro rugir del cañón.

Nación estéril

exijo justicia en nombre de tu voz desollada,

en nombre de los héroes y los mártires,

el perdón, los abrazos, la indignación, el asco,

porque te quiero como a una prostituta inmaculada

hecha de la ceniza que no descansa en paz.

 

 

 

ELLA

 

Ella es una virgen que no habla,

se deshace entre paredes de papel,

telas que le adornan la esperanza.

 

No es plural lo que digo.

 

Ella no se viste de la aurora,

sino de estrellas que tienen frío,

a veces es una lanza para tejer caricias,

verdades que amanecen en un cielo de guerra.

 

¿Cómo serían los besos de la luna?

¿Que sería si la mar tocara con su cuerpo

un corazón marchito?

 

Su eco es un abismo que despierta al espejo

y duerme en sombras de agua,

brasa que se extirpa en un insomnio suave.

 

Mas que resplandeciente como trazo

es propia tiniebla que se asoma al vacío,

sueño que se dibuja y a veces habla,

luz que se incinera a orillas del abismo.

Cuerpo diseccionado,

desconocida invitada de mi noche.

 

Ella es un hueco de flores diminutas,

pasos en la ciudad,

su piel es un torrente de preguntas,

futuro que entre smog se desvanece.

 

Ella es la sed del aire,

voz que no recuerdo,

geometría de texturas y colores,

paloma en el arrecife de mi muerte.

 

Ella será mi luz cuando me quede ciego.

 

 

 

 

PALABRAS CLAVE

 

Mi corazón es un desierto desnudo,

largo,

lleno de matorrales en llamas

que sueñan con tu acidulada sombra,

inmaculada frialdad de mi destino.

 

Te vi nacer

iluminada por las lágrimas

que otros dejaron en tu rostro

y los dedos maquiavélicos

que señalaban su propio tedio,

mis manos,

sus abismos que en el corazón duro

encontraron una razón para morir.

 

No te dejes llevar por ese destino de hiel ciega,

no busques entre el vaho de las alcantarillas

mi nombre taciturno.

No estoy en ningún lado,

porque no sé quién soy cuando te alejas.

 

Ven,

lárgate de ésta cicatriz

con que perfumo mis jardines de sangre,

regresa,

como regresa el aire para que la noche sobreviva.

 

No encuentro las "imágenes perfectas"

para decir que estoy partido en dos,

e aquí unas palabras clave:

amor,

vinagre,

fuerza potencial,

rencor,

mariposa,

calcetín,

fuego,

ala,

correo electrónico,

lágrima,

destapador,

ortografía,

logaritmo,

ausencia,

arrepentimiento,

magia,

teléfono celular,

vacío,

revolver,

esperanza,

reloj,

geometría

soledad.

 

 

 

ORIGEN

 

Desde la oscurecida brisa de la luna,

desde un abismo monstruoso y excitante,

desde las horas muertas de la voz,

desde las noches que deshacen poemas,

desde el suicidio dulce de unos labios felices,

desde la espuma negra del deseo,

desde el camino que esculpen las uñas en la carne,

desde las cabezas de mármol adeptas al formol,

desde los manantiales,

desde los infernales,

desde los terrenales,

desde los celestiales,

desde la sangre que desgasta los libros,

desde los pájaros que van sembrando árboles,

desde los sueños vírgenes

(adorables fantasmas),

desde las piedras que hacen música dura,

desde la inocencia de las luciérnagas

y las revoluciones,

desde las lágrimas que nacen cual paraguas,

desde un pene despierto manchado con bilet.

 

¡Surgió este amor que tengo para ti!

 

 

 

 

 

 

SUEÑO BOREAL

 

Mueren las puertas de la luz

-sirenas que se roban la espuma de los arboles-

atravesando el descalzo sonido de la noche.

 

Estas mis manos de infinito

-voces que se nutrieron en sus piernas-

se adhirieron definitivamente

a la aurora de su nombre vacío.

Fue un lento aplauso en el sueño boreal.

 

¿De qué sirvió?

Oh rata que se aparea en el hielo.

 

¿Esperar qué?

Mis ojos

humo equidistante,

la mirada abortada en un vaso de vidrio

y el rencor como un caparazón del estallido.

 

Debo olvidarlo todo.

 

Yo único pájaro que se siembra en la tierra

estoy sangrando estrellas.

 

 

 

 

ANTIMATERIA

 

¿Para qué las nubes

con sus bruscos huecos?

Desde el satélite de nuestros padres,

que está ejemplificado en nuestra médula,

hasta la garganta de nuestro pan,

es decir,

la historia que mamamos de cualquier cementerio,

el cielo siempre se abraza

a los volcanes de la carne

para retener nuestros pies

a no más de 10 milímetros del aire.

 

Si en verdad fuera nuestro mundo

los ríos nadarían hasta nuestra sed, 

tendríamos micro chips entre las venas

expulsando dulces melodías

y cálidos olores.

Y las leyes servirían más

para juzgar a los abismos

que para tratar de enjaular a las cárceles.

 

En el suelo hay ramas

para trepar hasta un laberinto que no cae;

hay surcos de los que se escapan

a veces dulces frutos.

Cancelemos las ganas de enlutarnos de plata.

Viajemos por el pasto

(que es como un columpio verde de anti-materia)

 

Nadie más envidiará a las aves.

De lodo y no de humo cósmico

se diseñaron las alas del vacío.

 



 

 

PARA DECIRTE ADIÓS

 

Ahora me encerré entre mis huesos,

esta vez bajo llave,

no por la audacia de esconderme de algo,

sino por esa ponzoña de cobre

que condensan los árboles.

 

Entre sueños apareces y bailas

como la preferida de las flores,

con la humedad herida

y ese ritmo analgésico confinado al vacío.

Tu nombre se desgasta para que crezca el día

y guardas en el anonimato tu precoz sacrificio,

y ya de nada sirve lo que yo esté pidiendo.

 

Tú ya no estás y tu rostro se sigue disolviendo

como canto que nace de la aurora,

como un arcoíris entre carreteras afiladas,

templos de plástico

que hacen un llamado a los gusanos.

 

Tus amigos adictos a las

“redes sociales”

dicen ¡estoy aquí!

como purulentos almanaques

que entre espejos sonríen,

y yo que soy una amalgama

entre cristal y fierro

no puedo quitarme esta vocación

de telescopio.

 

Yo creí en tu tristeza,

adoraba la calma con que el espacio

delineaba la oquedad de tu aliento,

esas pisadas tibias cimientos de mi fe

ya no serán mi ruta.

Pues tú quisiste el grito de la música

sin la aburrida coraza de la boca,

veías el parpadeo de tu sonrisa

como una estatua de aire

y preferías distraerte con suspiros festivos,

mientras mis brazos

como bruscas espadas

se arrojaban a los despeñaderos.

 

Te di mi soledad

y no la viste,

te ofrecí mis arterias

y las alas con que desaparezco

y las cubriste con infinitas sombras.

 

Los recuerdos y mi sinceridad

ya no te pertenecen.

 

Me gustaría llenarte de collares de pájaros,

besarte con el óxido que sale de mis ojos

para decirte adiós,

pero ya no hace falta.

 

 



 

AMOROSA CAÍDA

 

Sus poros apretados para que yo no entre,

es decir,

voy por la lluvia heroica,

todavía su canto resuena en mis sonidos.

 

Deseada,

derruida por el espacio que en mi pecho se abre.

¿A dónde vas pidiendo tu caída?

 

Como decir "amor"

si en la ciudad florecen hondas grietas de polvo,

grises dedos que maduran en las calles como soles marchitos,

como el cobalto aéreo de la ausencia

que se corrompe en los santuarios del sueño.

 

La tierra como cielo,

y los gritos como el vómito de las banderas,

que es la patria de las fauces,

alfombras de lo aéreo.

 

Abro los puentes de tu cuerpo

y en cada pizca las líneas de tu brillo se dispersan

creando anocheceres terrenales.

 

No hay tiempo donde no estés vacía.

Voy a hacer una estatua

con tu "no ser"

de aire,

es decir,

me quedaré en silencio.

 

 

 

 



EN EL VAIVÉN DEL AIRE

 

Desde abandonadas espírales de hidrógeno

sonríen la nubes

y sus hélices de algodón dormido

miran a la intemperie,

se alejan entre precipitadas carreras

y fotos instantáneas.

 

A veces no hace falta tener alas

para ser un murciélago,

ni columpiarse en el vaivén del aire

esperando un cometa para salir del mundo,

atravesando el éter del aullido,

ni tocar el silencio mientras los demás duermen.

 

Pariente mía,

amada,

desconocida,

pequeña turista de lo azul

tú qué esperas el más decente murmullo

de cualquier imposible

guarda este cielo agazapado y virgen

y a sus vapores en forma de conejo,

caballitos de agua que se ven a kilómetros.

 

Ya te dije que yo no colecciono carcajadas,

solo miradas débiles

carruseles de piedra y nada más.

 

¡Cuántas ganas urgentes de llover!

 

 





 

TEMPESTAD

 

Que la perdonen los hologramas.

Como un latido de sí misma

se levanta y se vierte aerodinámica,

anegando sequía y blando aire,

torrente dérmico,

añoranza errante.

 

Ella desde su constelación

regresa en línea recta,

magra, proverbial, sanguínea,

como si la desnudez en su morir de telas

fuera la vocación de toda célula.

 

Paradigma estúpido

que con su comicidad involuntaria

me deja adivinarla.

 

Para entonces los labios no son vírgenes,

murmullo trémulo en actitud horizontal,

se abandona,

ondula como huella,

se soporta a veces

en las manos de alguien,

en mí descafeinado regocijo.

 

No hace falta decir que se desnuda,

nadie debe asustarse,

solo se funde el ruido con lo espeso,

la temblorosa herida

con que un cuerpo va descubriendo a otro.

 

Por supuesto que al principio

la humedad del tacto

desdeña el peso suave de la sombra

porque no quiere paraísos momentáneos,

juramentos vacíos de saliva,

esa brevedad que no permite el vuelo.

 

Los muros de la sed

en su naufragio oscuro

(del que no se ha descubierto vacuna)

quieren evitar la brisa fresca

con la que se alimenta el fuego

que sale de las almas,

pero aun así se logra.

 

Se cayó el escondite.

Libertad, libertad.

Todo se agita,

menos la caricia representada,

erectas palabras que no se dicen,

teatro.

 

Yo no me muevo,

ni ella,

pero cae decidida

a devolverle a la luz su erigida ceniza.

 

Sus lágrimas se volvieron mi límite,

fluyendo como ventanas

que anuncian una sonrisa transparente.

 

Ella es la que ha venido,

y otra vez mas,

tempestad en lo lento.

 

 



 

PSICOANÁLISIS BREVE

 

Ha caminado el viento en el ala tardía,

psicoanálisis breve

en la asfixia del aire,

el todo con la suma de sus partes,

semilla acrisolada los recuerdos.

 

La curación ha de llegar

en la neurosis de algún amanecer.

Testículos adoradores de las navajas.

 

Bronce callado, azul jardín,

despertar a lo toxico,

diagnostico doliente,

pecho calcinado,

clonazepam de diván y de alto oleaje,

nuevamente azucena,

palabras mutiladas al final del camino.

 

La tristeza es un espejo que florece sin sol

y Dios es astronauta.

 

 

 

 

HACIA LO OCULTO

 

Solo el equilibrio con su sudor de humo,

solo el contraste que se viste de música

conoce de raíces y de cielos,

solo los actos autodestructivos

pueden hablar de muerte

y seducirla si se quiere.

 

El vodka sabe de las rocas

y la cerveza es una experta

en globos aerostáticos.

 

La soledad no habla nuestro idioma.

 

Hacia lo oculto se debe dirigir nuestro viraje.

Hay que cansar la niebla,

domesticar las zonas que enmudecen,

los tragos de paisaje o telaraña,

hacer añicos los vicios de disfraz y medicinas,

abrir las sombras

y comerlas tantito,

ya verás que no es cierto lo del miedo,

adivinar el veneno en cada beso

y protegerse de las flores

y por supuesto,

de la mirada de cualquier mariposa.

 

 

 

HACIA LA CENIZA

 

Hacia la ceniza,

la cama con su inocencia de jardín,

las hojas de los árboles

llorando como buitres

que van partiendo el aire,

porque el azul es hierba

y es metal pedregoso.

 

Ando ancho como un racimo de ventanas,

caen los diplomas en los calendarios,

nuestras líneas arrancan con su lengua

que arde los segundos

y hasta nuestro alfabeto.

 

Me gustan las ofertas de fin de temporada,

admiro los cabellos

con que se imprimen helicópteros

y los viajes de noche.

 

Perímetros de soledad con el olor a tierra,

no es la culpa del viento.

 

Con tantas lágrimas

podríamos construir una hidroeléctrica,

pero no es responsabilidad de la tormenta

y nada tiene que ver con los museos.

 

Algunos miden la inmortalidad con una regla.

Los abrazos se pueden envolver para regalo.

 

Hoy es un día marrón

y nuestras madres no saben

 que entre cables polvorosos,

ahora un par de flores se desangran.

 

 

 

ALAS ROTAS

 

La angustia que poseo

tiene su batalla

como una grieta que escapa de la herida.

 

Se rompen los sentidos del cuerpo

tomando las mañanas del deseo,

mañanas de miedo,

mañanas de luciérnagas,

de experiencia,

de espíritu,

prejuicios,

mañanas para zurdos,

de prótesis y huesos.

 

El océano lastima,

de carbón o algas,

quieto,

arde el aire en órbitas que hierven

en el vaivén de la desesperanza.

 

No me miren con esos ojos de polea,

refugio donde el alba se avergüenza,

no me vean con la espuma que gime,

los monitores que lo recuerdan todo.

 

Mi voz es solo jaula,

es latido marcado por el luto

de los laberintos,

es mar naciente,

porque la vida es agua dicen los científicos,

los sonidos,

las luces,

los sueños,

los condones,

los multivitaminicos

y vidrios polarizados en los rascacielos.

 

Apenas son lunas las pupilas,

un árbol como un cisne

y la selva como una pieza de ópera,

solo es cuestión de idioma.

 

Hoy duele desde el muro de mis alas

hasta el tierno silencio del vacío.

 

 

 



PRESUNCIÓN DE PAISAJES

 

Una urgencia dibujada en la lengua

penetra la sangre y llora

despierta en excitados glóbulos

que se ven a lo lejos,

no sabemos por qué.

 

Nada queda del umbral invisible,

la luz se asoma,

corre al precipicio

y no se encuentra.

 

Amanecer entre gemidos solitarios,

diluvio erecto, sombra

temblor hambriento que destella sequía.

 

Quiero respuestas dúctiles

que sepan apreciar las carcajadas,

umbrales enteros de bosques y pantanos

y fuentes que bailen entre nubes filosas.

 

Dentro de algún motel olvidé mi camisa.

Verdad hipócrita.

 

Yo soy el invierno con su desafinado canto

de hojas sueltas y bufandas de hielo.

 

Gemidos amanecen

pues son urgentes destellos en la noche,

para dejar siquiera algo de herencia

a los gusanos que se comen el día.

 

La realidad es un teatro sin asientos.

 

Cuando la espuma gratis de la luna

sea la piel absoluta

y las espinas de la tarde

puedan ahorcarnos de uno a uno

con su fuego salvaje,

campanitas, campanitas,

seremos uno mismo,

millones de latidos.

La humedad,

lo secreto.

 

 



 

RECORRIDO EN LA NADA

 

Son de la oquedad mis pasos,

de cada cerrazón surge una duda,

de cada ruta su final y regreso.

 

Libertad de expresión.

Es hermosa el agua,

es más bella la sed.

 

Camino bipolar venteando,

haciendo chorros de pisadas,

todo sin tocarse.

 

Veo la nada,

la indiferente nada,

que vuelve por su naufragado llanto,

incógnitas que suspiran secretos.

 

Cosmovisión parcial de la agonía,

compuestos aromáticos,

compuestos saturados,

frágil paracaídas

compuestos cíclicos,

para mirar las heridas mientras duermo,

reconciliación que no ha llegado,

carne y huesos en luto.

 

Maravilla, oh maravilla,

déjame caminar.

 

 

 

 

NAUFRAGIO Y EXILIO

 

No es verdad que sigo en el destierro,

reconozco que me olvidé del latir del ozono,

contaminé como una fábrica,

descuidé los evidentes latrocinios

de las buenas costumbres que nacen en el lodo.

Sin embargo hay gente en todas partes

y yo espero escondido,

sé que llagarás cuando menos lo quiero.

 

Nuestras separaciones son teorías filosóficas

de orden particular,

estupideces que no trascienden nada

lloramos en lugar de las nubes,

somos un par de chispas que no arden

sustancia muerta y combustible.

 

Hemos hecho un mundo que no se desvanece,

tú y yo, una pequeña isla de acero imaginable,

de orégano y canela, clavos, condimentos,

nuestra música la toca una guitarra sin aliento.

 

No tengo los ojos aliviados pero sé de distancia,

tú me admiras desde una alfombra roja,

desde un tapete mágico que guardas bajo llave.

 

Puedo decir entonces,

que desde antes ya estábamos buscándonos,

no por el reino frágil de la carne,

ni por el pubis de alguna flor exhausta,

o las peleas de alguien que no nos representa,

ni el sándalo de otros,

rocío de noche, ningún intermediario,

fue tu respiración que se ahogó con mi boca.

 

Te vi venir desde el murmullo que dispuso la noche

hasta el naufragio visionario del eco.

 

 

 

 

 

HACIA EL ORIGEN

 

De lamer el olor de tu vientre

como intacto trozo de mí mismo.

 

De encontrar el tiempo necesario

para que la piel triunfe

y rasguñe en su contacto.

De envejecer las horas

y que las larvas festejen como niños.

 

Yo solo soy un perro de Pavlov.

 

Todo es presencia

mientras estás abierta;

si desembocas

en donde ya no existo.

 

 

 

ESTAMPIDA

 

Mirar como fantasma,

persiguiendo la vacuidad del ruido,

intacta más allá la esperanza.

Recopilar fetiches

¿miopía o astigmatismo?

paralizarse caminando en el agua.

Una estampida hacia el resumidero.

 

Ah, el respiro más hondo,

guiño frágil,

alma asexuada que escupe los rugidos

mientras nuestra sangre

es alimento de las cucarachas.

 

Pido perdón a mi familia

por nunca haber nacido.

Ya no hay nadie que ayude

y todo es cotidiano,

nuestra pequeña muerte a nadie llama.

 

Bienaventurada la era de la información

en donde nadie habla.

 

Las catapultas de la duda

con su fascinación de aura

devuelven la tranquilidad de la rutina,

de repente las uñas por entrometidas

revelan prótesis en los milagros,

gestos onanistas y algo más,

rechazan la señal del homicida,

demonio magnético,

ventanas ambidiestras

que siguen en su zona de confort,

transmutan agrias divagaciones

para matizar la realidad en ocho bits.

 

No es la flor mirando su veneno

es solo el corazón de la mañana.

 

 

 





BIG BANG

 

Paseante de páginas,

devorador de formas,

mitos que explican el origen,

volver en alienantes geografías,

claras alusiones y esos cantos del hombre

entre sabanas de agua.

 

Fermento minúsculo

que en un estruendo

desafió las reglas del espacio,

materia, movimiento, semillas,

big bang agridulce y dócil aleteo.

Preguntas, rumores, hipótesis

y ninguna respuesta.

 

Desde la espuma lastimosa

se condensó el metal

en juego microscópico,

después animales arrodillados y latentes,

gigantes de algodón,

voladores de lluvia,

mascotas de Dios,

y pronto lo siguiente,

polvo cósmico,

plantas devoradoras,

ningún rezo,

luz arrastrándose en duros terremotos,

nada de recuerdos,

y por fin la hábil verticalidad del pensamiento

se acuñó con el eco en un solo hecho.

 

A la noche siguiente

los siglos fluían como gemidos,

profundas escaleras,

fuente evolutiva que hiere

y al final de cuentas es lo mismo,

entrar en la nada para hallar un camino,

suave choque de generaciones unidas

en la onomatopeya más irresistible:

el nacimiento.

 

 





PROMESAS DEFORMES

 

Que bueno sería

guardar un encendedor en la mirada,

logotipos inocentes

que van trozando el ardor del crepúsculo

en cada pestañeo.

 

La insensatez es un avión desnudo

disfrazado por círculos y triángulos deformes.

 

Si fuera necesario para admirar mejor

yo me destruiría como flor o llamarada,

me quedaría abajo,

herido por la duda,

agazapado como un gusano enfermo

en un charco de orines,

esperando el aire o la tijera.

 

La eternidad distante apenas se adivina

nace igual que un sepulcro,

quemar las naves en el fuego del agua

mi caída es una playa vertical.

 

Sé enumerar los ojos en lo oscuro,

brotar como pincel en la pared del hielo,

sudar espantapájaros,

y ser vegetariano en un isla desértica.

Sé saborear espinas con las manos

y asegurar que me he de volver huesos algún día

Sé salir de panteones en duelo solitario,

y ser embajador de la anarquía.

 

Este es ahora mi curriculúm.

 

Voy a estallar en un vaivén del juicio,

centellas que cuelgan a contraluz

en los recortes de cualquier biografía,

como promesas que se dejan en la sed

cuando todo se acaba.

 





 

HIMNO

 

No es tu voz

los sonidos que salen de tu boca cuando hablas.

Voy como una caricia perdida

entre panteones y hospitales.

Amo tu recuerdo.

Extrañar es hacer uso de la imaginación.

 

¡Qué creativas son las ramas de los arboles

cuando el otoño sangra!

Hay una amplitud de ojos y tú no tienes prisa,

ni te gusta mirar por las ventanas

cuando el avión avanza.

 

Imaginarte es vomitar las voces,

deshacerme del flujo de sonidos

que se quedaron pegados en la piel;

despojarme de lunas para morir de miedo:

debo vaciar la fuerza de un latido en una sola imagen.

 

No recuerdo el duelo por tu nombre escondido.

Me gusta la herida que sembraste

como una lluvia de espejos infinitos.

Amaneció tu ausencia entre ruinas,

cristales,

sudor,

huesos,

papel,

arrecifes,

tristeza.

¡Pues nada dura siempre!

 

Estar contigo sería iluminar los suspiros del aire.

Todo queda en familia.

No me pienses sin tu nostalgia

delimitando la penumbra de mi cama.

 

Estrellas como flores de miel,

tus manos,

tus fabulosos brazos,

quemantes tempestades,

unos pechos manantiales aéreos,

esas piernas que atraparon al mundo,

capturaron mi aliento en dulces operas, 

sonrisas invisibles que nutrieron la piel

que escurrió por mis dedos.

 

Valió la pena el veneno de plata,

los obeliscos que aullaron los domingos,

paraíso de besos hasta la madrugada.

 

En ti mi tierra fue un himno embravecido

que anhelaba la más generosa e íntima desnudes de tu sombra.

Yo no fui una cicatriz para tu mar.

Mujer el esplendor de tu humedad está bajo mis uñas.

 

Vete cómo se va una huella en la ceniza.

 





 

ELLA Y EL MAR

 

Mujer, oda suspendida en el pacifico,

niebla transparente recién nacida,

a diario, brisa suave que se tiñe de olas.

Es tu claridad permanente,

tu alegría como un latido entre caminos

que a veces se quiebran

y a veces desembocan en el fuego.

Eres la tierra necesaria, el mar exacto,

no solo arena, ni palmeras.

Mi corazón se acompaña con tu viaje,

aire dulce y húmedo,

no cabe la nostalgia entre tus alas.

 

Veo aquellos pescadores

naciendo del horizonte quieto,

a medio albor,

se envuelven con caricias de agua,

y pienso en el destino de las horas,

cuanta sabiduría en el litoral,

cada oleaje deja adivinar una respuesta,

todo fluye y se rompe,

renace como mar.

 

Es verdad que un eco eléctrico

a veces se hunde con relámpagos,

pero un farol de entre la tempestad

siempre ha de venir hecho de música

para amanecer e iluminar

-como un titán ultramarino-

la espesura y naufragio del ensueño,

besos de sal que se despiertan

entre huellas de océano .

 

Mujer, todas las voces

pronuncian tu nombre sin saberlo,

perla única que danza en la marea,

brazo, satélite, malecón de mármol,

cielo que se abre entre la tierna espuma,

todos somos turistas de algún modo.

Cada centímetro de la felicidad

te pertenece,

nadie puede rasguñar tus jardines.

 

Sería fácil volver a imaginarte

como una orilla limpia de mi anhelo

playa de plata, puerto,

verde y azul ensimismado volando en lo insondable,

sonrisa liquida.

 

Te nombro para recordar que el amor existe,

que la profundidad no siempre es de mentira

y que el edén a veces tiene nombre de mujer.

 





 

MÁS ALLÁ DEL VACÍO

 

Nada tiene que ver el sudor de la noche,

ni siquiera el abismo,

con lo que yo percibo.

 

Torres enteras de piedras

floreciendo encima del zapato.

No cambian de lugar cuando se mueven.

 

Hay que cansarse a veces

domesticar las zonas que enmudecen;

los tragos de lenguaje o telaraña;

los vacíos de disfraz y muchedumbre.

 

Solo puede salir el trazo izquierdo

de la mano derecha.

Saludemos al hielo que no suda,

el hogar rompeolas.

¡Viva lo inagotable!

 

Abrir las lágrimas y comerlas tantito

descubrir que nada es cierto,

adivinar lo gótico en el día

o en la voz de alguna mariposa.

 

Nada tiene que ver con el vacío.

 





 

CAMPANA

 

La campana del templo

como una honda cacerola de viento

que por Dios se embarra de las bestias

y resume en el eco del amoroso golpe

en un silencio limpio y restallante,

así descubrimos al pixel de la muerte o la vida;

a los pasos del barro en la sonrisa limpia;

a los cantos florales de brujas cervantinas;

a los muros litúrgicos y demás devociones.

Funciona en lo que sea.

Alarma aérea que resuena en sol como avispa profética

-fuente del llamado que en la ceniza flota-

eres verdad ingrávida

que rompe la civilización en unos pasos

despertando el destino de quien sueña.

 

 

 

 

PROMESA

 

Más allá de la oscuridad

las espadas se acercan a los labios,

cae la ceñida claridad del ciego,

unos pasos rodeando la epidermis,

fruto ruin que delata

el aullido del beso.

Los labios de la tierra son deformes

si se ven desde el cielo.

 

Mas allá de los cómplices

quizá la historia

perdurará en las calles,

súbitamente aérea,

diagonalmente infame.

 

Noches violentas asomadas al llanto,

alegres luchas diarias

de imágenes idénticas.

¿O será nuestra muerte

la promesa que había?

 

 

PÁJAROS LLOVIENDO

 

Pájaros lloviendo,

tal vez el horizonte no se ha dado cuenta,

quimera prometida por alguien,

llegará el estruendo

reventando en un pedazo de pie o en una plaza pública,

en los cines, las escuelas, el campo,

las personas que no salen en las fotografías

y en todo lugar que entre parásitos no puede cambiar,

venas de mi país que con balas descansan.

 

Cuantas jornadas inventadas.

Necesitamos hablar de lo que duele,

la memoria del asno como siempre.

Hay injustos cirqueros

que visten de bufón a nuestra historia

mientras se llenan de polvo la nariz

y sus damitas que solo piensan

en modernizar sus santas cruces

en Milán o New York.

 

Sobran firmas y todos duermen.

El hambre en el ADN, hay que decirlo,

el engaño con que las corbatas

ponen código de barras a las praderas.

 

No aceptes de automático los ladridos políticos,

estúpidos discursos que parpadean

entre cuentas bancarias de propiedad privada. 

Rescatemos los puños aplastados por las televisiones.

 

La ceguera golpea con su cañón de distorsión genética

cuando los tigres (almas) se infectan de anestesia,

la furia resucita si otra vez el silencio solo se prostituye.

Necesitamos aullar bajo las piedras

y encima de los láser y pantallas,

agarrar las estatuas desde el cuello,

rompernos,

hematomas lloviendo en su trinchera.

 

 

UNA ORILLA SE ABRE

 

Una orilla se abre,

mujer desde el latido sale silenciosa y persistente

ascendiendo hasta las ruinas del ocaso y el eco.

 

Pienso en esa mujer y me enfermo de colores en bifocal o lentos,

no puedo advertir el misterio con que se dispone indivisible

a escalar los jardines que en el viento reposan.

 

Desde mi asteroide la nombro,

es la división entre las sumas,

ella misma se declara un balcón para mirar adentro,

una declaración de alas que no es promesa vana , ni limosna,

su ligereza cala precipitándose en lo oscuro

hasta que sale y regresa de mi pecho.

 

Sus milímetros son imperceptibles en mi sueño.

 

La saliva renuncia dúctil y se inclina en mi tacto,

donde la niebla no desaparece.

Saboreando ese insisto de jardín al aire,

sola como gaviota atravesada

esa mujer se queda en la ironía de toda curva

y estalla a lo lejos como espina preciosa,

otras veces se le antoja ser cascada que sostengo

y se disgrega de un punto a la península de algo,

es demasiado breve o duradera,

yo me pongo a observarla tiernamente

para batirme después entre los sueños

y descubrir su cuerpo que no era.

 

 

 

EXPECTORANTE

 

Para olvidarlo todo,

los caminos.

Expectorante,

espejos que no existen.

Himnos que se cantan a capela.

Para las pestañas cada movimiento

trae un nacimiento de pupilas.

Los dedos ensayan sus monólogos,

rascando las caricias,

escribiendo o diciendo groserías.

La locura.

El banquete con las sillas vacías,

nuestra tierra y la música

yéndose cada vez más lejos,

hamacas que se broncean en las tinieblas.

 

El temblor llega cerebral,

es atmósfera,

es manzana,

azul como estornudo,

un contraer de músculos y puños,

cansado como bostezo

que deja ver un hilo de saliva,

agonizando en un pecho que no es de nadie.

El orgasmo.

La balanza sale con su tedio a dar algún paseo,

es así que encontré la manera de embriagarme,

de astillarme la cara,

de hacerme picadillo la mañana,

de mutar.

 

Hablando desde una perspectiva especialista:

las flores son un órgano estupendo

del sistema respiratorio,

pero tenemos miedo.

 

Tos que no desaparece.

Mi garganta dice silencios limpios

y a veces de su profundidad

salen dragones que me hablan,

gritos que nadie oye,

alertas que no tienen memoria.

 

 

REGRESO LENTO

 

Son de la oquedad los pasos

desde el camino hasta la sombra

manoseando las dudas

hasta el final del agua,

el regreso,

sed bipolar venteando

encima de mi pie derecho.

Pero ¿Qué es el regreso de lo lento

ante la rapidez del canto?

Vuelve a la nada la sed sorda del llanto

incógnitas metidas en los sueños.

 

Barda adormecida en el jadeo,

frágil tierra para mirar el cielo panza arriba,

materia de cualquier aleteo.

¿Dónde quedó la luz que romperá el futuro?

¿Con que ceguera esperaré el mañana?

¿O irá la luna conmigo de paseo?

 

 



 

AIRE CONFUSO

 

El aire inmediato es el ala tardía

cuando ya no es asfixia de los pasos.

 

Arcoíris marrón que se desdobla

en la muerte de Dios cuando respira.

 

Bronce callado,

azul jardín,

lámpara alta,

pecho calcinado,

baratija doliente,

infamia adentro,

nuevamente azucena

o terciopelo

tristemente inmediato.

 

 


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